
El martes 24 es feriado en Argentina. Un feriado atado al día del comienzo de la última dictadura militar en el país. El comienzo de un proceso que duró más de 7 años, dividió al país de una manera similar a la de una guerra civil y se cobró más de 75 mil vidas, incluyendo cerca de 30 mil almas que no han sido encontradas aun.
Voy a detenerme aquí un segundo para reflexionar acerca de la existencia de este feriado. Más allá de la importancia de ese período para la historia (cuasi) reciente argentina, creo que ocuparse de recordarlo mediante un feriado, una medida impuesta por personas claramente identificadas con uno de los dos “lados” de aquel conflicto, no hace más que validar lo realizado por el otro “lado”.
Con esto no estoy sugiriendo el olvido como metodología, pero sí creo que los feriados son utilizados por el común de la gente para cualquier cosa menos reflexionar, que es supuestamente lo que se buscó con esta conmemoración.
De cualquier manera, esta no es la razón por la que me senté a escribir este post a miles de kilómetros de distancia. Este post pretende ir más allá y es, si se quiere, más polémico aun.
Creo que los argentinos tenemos una visión muy distorsionada – quizás por culpa de las emociones involucradas cuando se hace alusión al tema – acerca de los verdaderos responsables de dicho proceso.
El argentino es arrogante. Al menos, demuestra más arrogancia que sus vecinos más cercanos, codo a codo con el brasileño, quizás. Esa arrogancia muchas veces lleva a confundir situaciones al poner al arrogante, en este caso al argentino, en el medio o como protagonista de algo donde en realidad es, a lo sumo, espectador de lujo.
Mi percepción en ese sentido es que si bien sin ciertos personajes detestables esta historia nunca hubiera existido, la presión por parte de Estados Unidos para que exista una intervención militar hubiera decantado en el mismo modus operandi. Con esto tampoco quiero pintarme la cara de rojo o levantar una botella de vodka con una mecha en la punta en contra del “imperialismo”.
Lo que digo es que ese orden mundial que existe desde hace unos 90 años (los amantes de la historia seguro tendrán diversas posturas con respecto a esta fecha) es tan así, que los argentinos al mando de este país en esa época podrían haber hecho poco y nada para torcer la historia, más allá de que se sientan dueños y responsables de lo que pasó.
Haber estudiado en el lugar de la fotito les hizo creer que estaban capacitados para llevar adelante un plan, más allá de que creo que nunca terminaron de darse cuenta que eran simplemente instrumentos.
Es más, estoy convencido de que la metodología de conflicto superó intelectualmente a la mayoría de los actores y en ese sentido veo al regreso de la democracia del 83 como, más allá del episodio Malvinas, una muestra de “humildad” al comprender que no se estaba a la altura de otros, como Pinochet y no había capacidad para seguir llevando algo así adelante.
Desafortunadamente para el destino de la Argentina, tampoco la hubo del otro lado y así de turbulentos han sido los últimos 26 años también.