viernes, 24 de octubre de 2008

Amo sus discos (por favor separense!!!)


Debido a alguna extrañísima razón que no pretendo terminar de entender antes de publicar este post, la mayoría de la música que realmente disfruto viene de bandas (en su mayoría encasilladas dentro del género “rock”) que se separaron o desaparecieron en su pico de esplendor.

Entiendo que no es muy distinto a lo que ocurre con esos deportistas que abandonan la práctica habitual de su deporte cuando todavía tienen algo más para dar desde lo físico, pero nada más desde lo mental.

También hay casos donde las bandas pierden integrantes en confusos episodios etílicos o psico-farmacológicos, algún que otro suicidio o simplemente un bobazo, como el caso de John Entwistle, de los Who –quien para los que no conocen detalles de su fallecimiento, sufrió la tan deseada “muerte celestial”, es decir, con una mujer sentada en su regazo, por ponerlo en palabras aprobadas por la RAE-.

Lo cierto es que cualquiera sea la razón de la pérdida del integrante, muchas bandas deciden que es un buen motivo para dedicarse a otra cosa. Muchos podrán citar casos donde los reemplazantes han tenido dignas labores y fueron bien recibidos por sus fans. Lamento disentir. Los reemplazantes, en su mayoría, no hacen más que mantener la maquinaria publicitaria viva y los discos (o mp3) a la venta.

La verdad es que las bandas que superan los diez años de existencia sin ninguna interrupción, crisis severa o algo por el estilo, aburren. No me aburre la música vieja, de otras décadas. Me aburre la música de las bandas que tienen más de una década. Ni hablar de los dinosaurios del rock. Venerados por muchos, respetados por unos cuantos menos, no hacen más que vender humo. Son idénticos a los ya vetustos ejecutivos de las antiguas discográficas, solo que sin el traje de Armani (al menos en escena), y con cierta dosis (nunca mejor usado el término) de tatuajes, sangre reciclada y botox.

La justicia, no presente en este post, me obliga a hacer una salvedad y hablar de la única excepción a esta regla: Bowie. El único que es capaz de reinventarse, sin autoplagiarse.

Para terminar y para no dejarlos con la sensación de que mis gustos son snob y lo “mainstream” es rechazable solo por serlo, aclaro que sí disfruto de los shows dinosaurios. Son lindas obras de teatro multimediático (en su mayoría) y me entretienen a lo loco. Ahora, la música que elijo escuchar, sentado, con una copita de Campari y un buen libro es otra.

Señores de mediana edad: Rono no los escucha más, solo los va a ver cuando andan por el barrio, como para pasar un rato macanudo y escuchar a alguna que otra banda soporte que seguro tiene un par de discos que no figuran en ninguna lista, por suerte.

Salud, amantes de las revoluciones sónicas de todas las décadas.!

1 comentario:

Unknown dijo...

Rono (de Sanpol), vos no te habrás convertido en un "jubilador ajeno", ¿no?